Esta es una historia de como uno siempre puede encontrar flores en el camino:

"La indiferencia endurece el corazón y es capaz de eliminar cualquier rastro de afecto."
JORGE GONZÁLEZ MOORE
Cerró la puerta bruscamente, Caro sintió un poco de desahogo. No sabía porque estaba tan enojada y eso la enojaba más, últimamente todo y todos parecían tan estúpidos.

Caminaba con tanta prisa, en su cara estaba marcado un: «voy tarde ¡Quítense!» La sangre le llenaba las mejillas y cuando le empezaron a doler las pantorrillas, reaccionó y se detuvo de golpe.

Se sentó en la orilla de la banqueta, el enojo se derritió fuera de su cuerpo dejando solo una infinita melancolía – Ya nada tiene sentido, quité el manto gris que estaba sobre mi vida, me esforcé por arrancar la indiferencia y ahora solo siento tristeza – susurró, como si contase un secreto.

Al voltear, para ver con quien hablaba, vio unas flores en la raíz del árbol qué creaba la sombra sobre ella; era hipnótico, el viento hacía bailar cada hoja y pétalo, recordó que normalmente estaban quietas, inertes – ¿Siempre han estado así de «vivas»? – le susurró de nuevo a sus coloridas «acompañantes».

Pasaba el tiempo, lo notaba porque iban cambiando los puntos de luz que se colaban entre las hojas del árbol, eso contribuía a su fascinación, no podía dejar de observar el espectáculo, la vida pasaba frente a ella y era hermoso. Alargó su mano para ver como las manchas de luz también se movían en su piel, imaginó el viento soplando en la copa del árbol. Caro junto con la vida, también pasaba.
Empezó a sentir frío y decidió regresar a casa. Al llegar, se hizo un chocolate caliente para disfrutar del «sábado por la noche» viendo el cielo nocturno, por primera vez en mucho tiempo se sintió feliz, le gustaba vivir sola y poder pasar tiempo con ella misma en su «hogar».

Al soplar a su taza caliente, se dijo – Un día a la vez, tú puedes -.

"Siempre hay flores para él que desea verlas."
HENRI MATISSE

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